El reto de la comunicación de la emergencia climática

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Cuando hablamos de crisis climática uno de los mayores retos es el de la comunicación. ¿Cómo debemos comunicar la mayor emergencia a la que la sociedad se ha enfrentado jamás? Sin generar pánico ni demasiado optimismo, con una pequeña dosis de realismo, pero sin rozar la negatividad, sin caer en el catastrofismo, pero sin aferrarnos al tecnoptimismo. ¿Cómo evitar generar indiferencia o resignación? 

Vivimos en una época esplendorosa, una brillante era científica y tecnológica donde el crecimiento tecnológico y los nuevos descubrimientos científicos moldean nuestra realidad, nuestro conocimiento sobre las cosas y nuestra forma de interactuar con ellas. Sin embargo, nos encontramos con una contradicción: la sociedad no avanza al mismo ritmo. ¿Nos estamos quedando atrás? En una época donde el negacionismo y el autoritarismo encuentra suelos fértiles donde enraizarse y florecer, la comunicación de la ciencia se vuelve una herramienta poderosa para combatir el analfabetismo científico y para progresar como civilización. 

EL PAPEL DE LA COMUNICACIÓN EN LA CIENCIA 

La comunicación no es más que una herramienta para un fin, extremadamente útil, pero a la vez potencialmente peligrosa. Y es que ésta tiene múltiples maneras de ser percibida e interpretada, y un buen ejemplo de ello es el universo del marketing. Sí, eso que hemos ido desarrollando desde los inicios de la revolución industrial, el cenit del capitalismo. De hecho, el capitalismo no se entiende sin el marketing puesto que no existe el capitalismo sin la creación de una necesidad, y la base del marketing es precisamente generar necesidades a través de múltiples estrategias comunicativas, con el único objetivo final de conseguir ventas. 

Pero, alejándonos del concepto marketiniano de la comunicación, del que podríamos hablar durante horas, nos quedaremos en la vertiente divulgativa. Eso que usamos para dar a conocer todo aquello que no es lo suficientemente conocido, con el único fin de compartir información experta para generar una sociedad más y mejor informada. Esa es la verdadera herramienta que debemos usar para revertir la situación y transformarnos en una sociedad más culturizada y concienciada, algo clave para generar acción climática. Porque sólo conociendo podemos entender, y sólo entendiendo podemos sentir curiosidad y pasión y así, arremangarnos para proteger aquello que hemos aprendido a amar. 

Si no fuera por la comunicación, no nos habríamos enterado de las inundaciones catastróficas que vivió Pakistán en 2022, ni de los incendios en Canadá y Grecia este 2023, de la sequía extrema que está asolando Europa, de la preocupante deforestación del Amazonas o de la alarmante pérdida de biodiversidad que nos acerca cada vez más a la ya apodada sexta extinción masiva. Que el agua de lluvia ya no es potable, que el 10% más rico de la humanidad emite el 50% de las emisiones, que las macrogranjas están destruyendo pueblos y corrientes de agua, que la contaminación del aire mata más que los accidentes de tráfico y el tabaco. Tampoco sabríamos nada del límite de 1,5 oC acordado en el Acuerdo de París, del Tratado Global de los Océanos celebrado este 2023 por la ONU en el que se pretende proteger el 30% de los océanos para 2030. Y ni mucho menos sabríamos nada de la situación en la que se encuentran los océanos, los glaciares, los polos o la atmósfera. 

Porque los datos no son nada si no son compartidos. La ciencia no sirve si no es para todos. Y ese es el mayor reto, porque sin la comunicación, es imposible conseguir acción. 

LO ESTÁBAMOS HACIENDO MAL 

El problema que hemos tenido hasta ahora es que hemos comunicado la ciencia de manera errónea. Hace décadas que se conoce la presión a la que estamos sometiendo el clima y hace ya mucho tiempo que se predijo lo que ya estamos viviendo. Intereses políticos y económicos aparte, no hemos conseguido que el mensaje llegue a todos, que la ciencia sea para todos. Algo que he aprendido del ambientólogo y divulgador Andreu Escrivà y que él mismo afirma en su libro “¿Y ahora yo qué hago?”, es que nos hemos empeñado en mostrarle al público gráficos y datos que en la práctica no les eran útiles. Hemos dirigido el mensaje con un tono muy poco inclusivo y didáctico que les ha hecho desconectar, creyendo que todos iban a entender lo que nosotros ya entendíamos. Lo que se nos ha escapado y hemos aprendido con el tiempo es que debemos generar distintos tipos de lenguaje para los distintos tipos de público. Debemos traducir todos estos datos, modelos y estadísticas a un lenguaje que todo el mundo pueda entender. 

ADAPTAR EL MENSAJE 

El lenguaje callejero y el lenguaje científico a primera vista parecen algo muy dispar, pero el éxito de divulgadoras como Carmen y Belén en su proyecto divulgativo sobre la crisis climática, ClimaBar, nos muestra que otra forma de comunicar ciencia es posible. Y no sólo es posible, sino que, además, deseable. 

¿Y si hablamos de ciencia en nuestra día a día? ¿Y si compartimos información y datos con nuestros amigos, familiares y compañeros de trabajo? Es más ¿Cómo le contarías el problema de la eutrofización de las aguas provocada por la contaminación de los suelos a tu vecino de enfrente? ¿Y el éxito de la regeneración de la capa de ozono gracias al acuerdo de Montreal a la chica que espera contigo el autobús? ¿Y si hablamos de la emergencia climática con la misma jerga con la que contaríamos cómo hacemos nuestra receta favorita? 

Así es como conseguiremos que la sociedad baile al mismo compás que la emocionante era científico-tecnológica y como lograremos introducir la problemática medioambiental en la esencia de esta nueva sociedad. Solamente incorporando estas conversaciones en nuestro día a día y adaptando el mensaje, conseguiremos avanzar. Hablemos. Hablemos de ciencia, de cambio climático, de acciones y soluciones, pero también de problemáticas, de amenazas y de errores estructurales. Hagamos de lo que hasta ahora ha sido para algunos pocos, algo para todos. Facilitemos información, generemos curiosidad, compartamos el amor y la pasión por todos aquellos ecosistemas de los que formamos parte. Porque como dijo Francisco Lloret en una ponencia de la Uni Climática a la que tuve el placer de asistir, “Somos Naturaleza”. Y muchos todavía no lo saben. 

Yayo Herrero mencionaba en su libro Los Cinco Elementos que “se trata de una tarea de pedagogía popular a realizar casi puerta a puerta con diferentes lenguajes. Para poder cambiar, necesitamos recuperar los mitos y ficciones, y componer otro relato cultural más armónico con la materialidad humana. Hace falta ciencia e información, pero también, arte, poesía y pasión”. 

Y esto se ha convertido en un reto mayúsculo. Como comunicadores tenemos la ardua tarea de traducir, todo aquello que nos muestra la evidencia, a un lenguaje por y para todos. Solamente así caminaremos todos al mismo ritmo. Solamente así, cultura, arte y ciencia se fusionarán para conseguir trazar un mismo camino hacia un futuro posible. 


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